“Soy muy crítica con el Gobierno, porque estoy siempre al lado del pueblo”. Esas palabras de Epainette Mbeki, la propia madre del presidente Thabo Mbeki, han sido unos de los testimonios más auténticos de la campaña electoral. A sus 88 años de edad, es militante comunista convencida y sigue viviendo en una aldea rural que carece todavía de agua potable.
Casi 21 millones de electores estaban convocados el 14 de abril a votar en las terceras elecciones generales en Suráfrica. Un 70% acudieron a ejercer su derecho democrático. La victoria esperada del actual presidente, sucesor de Nelson Mandela, supone una nueva oportunidad para el Congreso Nacional Africano (CNA), que sigue siendo ante la población el partido, que fundado por Mandela, luchó por la libertad y logró las primeras elecciones democráticas en el país.
La confianza en el proceso democrático ha crecido y la integración racial se va incrementando, pero hay ciertos problemas que siguen latiendo, entre ellos una tasa del 42% de desempleo. Nadie querría volver al régimen racista del apartheid, sin embargo, tras diez años de democracia, la brecha entre ricos y pobres ha seguido creciendo, la situación económica no se ha estabilizado y queda mucho por hacer.
Los principales desencantados parecen ser los jóvenes, pues sólo un 35% de los de 18 a 25 años se inscribieron para votar. Y entre las “abstenciones forzosas” se cuentan las de los 800.000 enfermos de SIDA que tiene el país. Otro de los problemas es la criminalidad creciente, con más de 20.000 personas asesinadas al año.
Otro sector crítico lo representa el Movimiento del Pueblo sin Tierra (LPM) que había pedido la abstención ante las urnas. La reforma agraria emprendida por Mandela en 1994, avanza pero lentamente. El objetivo era entregar a la población de color, en un plazo de 15 años el 30% de las tierras cultivables que hay en el país. Pero lo cierto es que el Estado, según datos oficiales, sólo ha adquirido el 3% de estas tierras, y apenas 700.000 sudafricanos se han beneficiado de ello en este tiempo. El 80% de la tierra sigue en manos de la minoría blanca. Según el LPM, de los casi 45 millones de habitantes que tiene el país, unos 26 millones de sudafricanos carecen de tierra para subsistir.
En la campaña electoral ha habido enfrentamientos políticos y personales entre el líder del CNA, y los candidatos del Partido Demócrata Cristiano Africano y del Inkhatha Freedom Party (IFP), que representa a la mayoría de los zulúes. El segundo partido más votado, después del CNA es la Alianza Democrática (AD), formada por blancos anglohablantes. Se aliaron en estas elecciones con el IFP, y han logrado algo más del 15% de los votos. Lo cierto es que las rencillas entre quienes eran enemigos hace una década, hoy han de superarse ante los numerosos retos pendientes que afectan a la mayoría de la población. No es solución cambiar el color de quienes abusan. Como en otros países africanos, es una realidad que quienes eran antiguos activistas, en el caso surafricano contra el apartheid, ahora son nuevos burgueses negros.
El anterior mandato de Mbeki ha logrado grandes mejoras en las infraestructuras del país, y 1,6 millones de viviendas. Se abre ahora una nueva etapa con grandes desafíos pendientes. El momento de la verdad comienza ante las realidades concretas que hoy afectan a la población: seguir estabilizando la economía, corregir el desempleo, el reparto equitativo de las tierras, la salud, y la seguridad. Es el horizonte que Mbeki ha de afrontar cuando los 400 diputados de la Asamblea Nacional lo nombren jefe del Estado el 23 de abril.
María José Atiénzar
Periodista


