06.10.2004¿Hemos perdido El Salvador?

En España es difícil encontrar a alguien que no sepa que El Salvador está en Centroamérica y que su capital es San Salvador. También habrá muchos que recuerden el desastre del huracán Mitch, que en 1998 arrasó gran parte de la región, provocando numerosas muertes y graves daños en su infraestructura. En aquellos momentos se desencadenó en España una auténtica movilización social para colaborar en la reconstrucción. Aquel sentimiento se fue tan pronto como llegó, devolviendo a este país centroamericano al olvido. Durante el mes de octubre, Solidarios quiere dar a conocer la realidad de El Salvador.

El Salvador es el país más pequeño de América Central, el más densamente poblado y el único que no tiene costas en el Mar Caribe. La mayor parte de su superficie es cultivable, y por lo general se dedica al cultivo de café, en las zonas de mayor altitud, y caña azucarera, en las más bajas y cálidas. También hay cultivos de subsistencia: maíz, frijoles, arroz. La dependencia del exterior es muy fuerte: un 16% de los alimentos consumidos son importados. A esta situación económica se suman los desastres naturales. El clima tropical, que alterna una estación de lluvias y una seca, es el causante de los huracanes y de las terribles sequías que asolan el país. En los últimos años una de estas sequías echó a perder gran parte de la cosecha anual. Fue necesaria la intervención del Programa Mundial para la Alimentación, que en agosto de 2001 distribuyó 2 toneladas de alimentos entre las más de 20.000 familias afectadas.

A los huracanes y las sequías, se añadieron los terremotos. A comienzos de 2001, dos fuertes seísmos dejaron 1.159 muertos, 8.122 heridos y 1,5 millones de damnificados. Se estima que estas catástrofes motivaron la aparición de 225.000 nuevos pobres en El Salvador. En la actualidad, un 45% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, el 19,8% en situación de pobreza extrema. La tasa de natalidad es del 33,5%, mientras que la mortalidad está en torno al 6%. La esperanza de vida es de 70 años.

Al margen de las ayudas puntuales que se envían cada vez que un nuevo desastre sacude el país, existen organizaciones que desarrollan proyectos preventivos. Solidarios, por ejemplo, lleva a cabo un proyecto para ayudar en la educación inicial y parvularia. El porcentaje de analfabetos en El Salvador es del 25’9%, y la tasa de escolaridad es menor al 54%. El objetivo es construir escuelas rurales y dotarlas de mobiliario, además de capacitar a sus docentes, para que los niños puedan aprender a leer y a escribir, adquirir hábitos de higiene elemental y relacionarse con niños de otras comunidades. A través de la educación de los más pequeños, se está poniendo en marcha un poderoso mecanismo que redundará, a la larga, en el progreso de sus comunidades y el desarrollo del país.

La Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) puso en marcha a comienzos de 2003 un proyecto para mejorar el manejo de los recursos hídricos de la región de las cuencas. El índice de agua potable apenas alcanza el 77%. Según los expertos, distintos problemas como la deforestación (El Salvador es el país más deforestado de América Latina) y el uso indebido de agroquímicos, han causado contaminación y falta de acceso al agua potable.

Existen otros muchos países que, como El Salvador, pasan desapercibidos para el mundo hasta que un desastre los sacude y saltan a las páginas de los periódicos. Es preciso recordarlos y cooperar en su desarrollo para que el día de mañana sean países capaces de afrontar la próxima catástrofe por sí mismos.

Laura Blanco

Periodista