19.11.2004Educar para una democracia ciudadana

El último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) indica que los latinoamericanos sienten malestar por la democracia.

 Dante Caputo, director del proyecto sobre el Desarrollo de la Democracia en América Latina, señaló al presentar el informe en Madrid que la democracia electoral no es un fin en sí. Las personas eligen la democracia para convertir sus derechos humanos y políticos en una realidad social.

 El informe señala que el 45% de los latinoamericanos apoyaría un gobierno autoritario si la situación económica de su país fuera mejor, mientras que un 41% aceptaría incluso algo de corrupción. Esto nos lleva a cuestionar cuáles son las funciones y las responsabilidades del Estado.

 Peligran los valores democráticos por los que tanta gente ha luchado. En los noventa, mejoró la macroeconomía en Latinoamérica con el modelo neoliberal del Consenso de Washington. Pero la disciplina presupuestaria, la liberalización financiera, las privatizaciones y la desregulación arrojaron a millones de personas a la economía informal, sin disminuir la pobreza.

 No es que las personas deseen autoritarismo. El 57% de los latinoamericanos aún prefiere la democracia a otra forma de gobierno. Pero sí queda claro que la mayoría antepone el desarrollo al derecho a votar. Además del voto, la gente debería contar con la igualdad de derechos y de obligaciones que implica una democracia ciudadana. Falta hacer reales los derechos de libertad de expresión, de conciencia, derecho a la propiedad y a la seguridad jurídica. Es decir, convertirlos de derechos políticos en derechos sociales. Los órganos estatales y policiales parecen servir a las clases altas, mientras los indígenas experimentan desventajas legales.

 América Latina alberga una gran esperanza desde hace muchos años, pero una combinación de factores ha frenado su desarrollo. Durante el siglo XX, y en especial en la década de los ochenta, el continente sangró con revoluciones, dictaduras y violaciones de los derechos humanos. Las libertades civiles y las de expresión eran una utopía en muchos países del Cono Sur.

 Latinoamérica cuenta con una inconmensurable riqueza natural: extensos litorales para facilitar el comercio con el resto del mundo, tierras fértiles para la agricultura, mares para la pesca, gas natural, minerales y petróleo. Es difícil concebir que se hayan producido tan escuetos resultados con semejantes condiciones.

 La brecha entre ricos y pobres en América Latina es mayor que la de cualquier otra región del mundo. Dieciséis de dieciocho  países son considerados “sumamente desiguales”. El 25% de la población de estos países vive bajo la línea de la pobreza, que afecta a 225 millones de personas. 

 Los resultados no pueden ser por falta de recursos, ni por el clima, ni por la falta de actitudes emprendedoras. Muchos latinoamericanos llegan lejos donde tienen oportunidades. Las diferencias socioeconómicas muestran que se trata de una injusta distribución del capital, en sistemas con democracias electorales que están anclados en el caciquismo. La corrupción policial y estatal que aquejan estas sociedades beneficia a los más favorecidos. El Estado ha perdido la fuerza necesaria para regular los procesos transnacionales o para resistir grupos económicos de mayor fuerza. El narcotráfico y el crimen surgen con mayor facilidad en estados debilitados.

 Se han puesto en marcha distintos proyectos políticos en varios países. Las ideologías dividieron a Latinoamérica hasta que se consolidaron las democracias electorales en los noventa. Las economías estatales anteriores cayeron en la ineficacia, en la burocracia excesiva y en la corrupción. El sistema democrático neoliberal padece los mismos síntomas pero con otros virus.

 La justicia, madre del respeto, de la cortesía y de la igualdad, no puede germinar en una sociedad sin acceso a la educación. En este terreno también han fallado las democracias demagógicas de Latinoamérica. Las campañas políticas siempre utilizan la educación como estandarte, pero el informe del PNUD revela que Latinoamérica es una de las rezagadas en materias educativas.

 Es muy certera la reflexión del periodista Joaquín Estefanía: “En América Latina no hay malestar con la democracia, sino en la democracia”. Cuando se eduque al pueblo, habrá justicia y, después, una base para construir una democracia que sirva a las personas.

Carlos Miguélez

Periodista