13.04.2007Pulso al dolor

Cerca de un millón de personas necesitarán cuidados paliativos en América Latina y el Caribe en los próximos años. En España, la mitad de las personas que fallecen requiere este tipo de atención paliativa que, además de los cuidados al paciente, incluye atención a las familias y a los profesionales que tratan con estos enfermos.
El objetivo de los cuidados paliativos es conseguir una mejor calidad de vida para los enfermos y sus familiares en las fases finales de una enfermedad terminal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) los define como “los cuidados apropiados para el paciente con una enfermedad avanzada y progresiva donde el control del dolor y otros síntomas, así como los aspectos psicosociales y espirituales cobran la mayor importancia. Los cuidados paliativos no adelantan ni retrasan la muerte, sino que constituyen un verdadero sistema de apoyo y soporte para el paciente y su familia”
El Movimiento Hospice surgió hace más de treinta años en Londres para evitar las muertes de la población que no tenía acceso a los cuidados y medicamentos necesarios. La tradición hipocrática no recomendaba tratar a los enfermos incurables y terminales ya que suponía un desafío a una pena que los dioses habían impuesto a un mortal. Con la expansión de la cultura cristiana las cosas cambiaron. Aparecieron instituciones con una finalidad caritativa que se ocupaban del cuidado de estos enfermos. En sus inicios no contemplaban la finalidad clínica.
Desde entonces, cada vez son más los países que establecen programas de cuidados paliativos. Sin embargo, la estrategia de cuidados paliativos no está extendida por todo el mundo. En los países en vías de desarrollo, la mayoría de los enfermos terminales fallecen sin los cuidados requeridos por la enfermedad. Las dificultades económicas impiden la aparición de iniciativas novedosas y la adquisición de los analgésicos necesarios para los tratamientos. En los países desarrollados, el 70% de las muertes se producen en los hospitales y el 80% del gasto sanitario se invierte en los tres últimos años de vida.
Su propuesta de trasladar el tratamiento del paciente al hogar es uno de los aspectos más importantes. De este modo se reduce el número de camas ocupadas en los hospitales así como el riesgo del paciente a contagiarse con otras enfermedades. Esta forma de enfrentarse a las enfermedades incurables se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales: el buen control del dolor y otros síntomas, la buena comunicación, el apoyo psicosocial y el trabajo en equipo.
La especialización en cuidados paliativos comenzó para tratar enfermos de cáncer, un verdadero problema de salud pública. Cada año nueve millones de personas enferman de cáncer en el mundo y un 70% de ellos fallecen por la enfermedad. Los cuidados paliativos se ocupan de pacientes sin posibilidades de un tratamiento curativo a la vez que se encargan de reducir los síntomas y el dolor derivados de la enfermedad. El médico se encarga en estos casos de valorar la situación para no someter al paciente a tratamientos agresivos e inútiles, pero tampoco descuidar un examen clínico capaz de prevenir y solucionar las complicaciones que reduzcan la calidad de vida del paciente.
Los equipos de trabajo que se forman tienen la labor de impedir que el enfermo experimente  una pérdida de la autoestima y ofrecer apoyo a sus familias. Integrados por profesionales médicos y no médicos, incluyen al paciente como un miembro más del equipo y centran su funcionamiento en la comunicación constante a lo largo de la enfermedad.
Los especialistas en esta disciplina saben que el dolor es una experiencia individual y única. Libres de dolor, los pacientes pueden pasar sus últimos días con dignidad, en su casa o en un ambiente alejado del hospital y rodeados de la gente que les quiere. Los cuidados paliativos no prolongan ni retrasan la muerte, pero la humanizan.
La medicina paliativa surgió cuando la única posibilidad ante la enfermedad consistía en aliviar los síntomas, consolar y evitar que nadie se sintiera sólo ante ese paso tan difícil de la vida que es aceptar la propia muerte. Hoy el objetivo es similar: “vivir con dignidad aún en el momento de la muerte”.

Olga Sarrado
Periodista
ccs@solidarios.org.es