20.04.2007Acoger para aprender

La inmigración ha incrementado el número de las organizaciones de la sociedad civil y la creación de programas imaginativos que ofrecen, tanto a los que emigran como a las sociedades de acogida, la oportunidad de aprender a convivir. Es un proceso de definición constante que abarca iniciativas que van desde las culturales y lúdicas hasta las de participación, incidencia política y codesarrollo.
En este ámbito, las migraciones de menores constituyen un fenómeno social nuevo, cuya incidencia se deja sentir especialmente en España, puerta de entrada a la opulenta fortaleza europea. Se trata de cientos de jóvenes que llegan en busca de mejorar su situación, quieren un trabajo digno para vivir y ayudar a su familia.
Hace un año Iliass, de 16 años, llegó al territorio español procedente de Marruecos, con un visado y acompañado de su padre. Su sueño era venir a  estudiar porque en su pueblo natal no hay tanto futuro profesional. Ahora va a un taller de pintura y vive en Madrid. Khalid, de la misma edad y nacionalidad, cruzó la frontera del Estrecho arriesgando su vida en una patera. Su mayor necesidad era económica, un familiar le envió desde una ciudad andaluza el dinero para embarcar. En la actualidad vive en un piso tutelado junto a su padre y asiste a clases de español.
Iliass y Khalid forman parte del proyecto CRONO. Gracias a esta iniciativa ambos jóvenes marroquíes han entrado en contacto con voluntarios españoles, que les ayudan a encontrar salidas laborales, recursos para formarse y sobre todo, a desenvolverse en una cultura diferente a la suya. Cada uno de los chicos que participa en el proyecto cuenta con un ‘hermano mayor’; alguien que se compromete a dedicarles unas horas a la semana y que se convierte en su referente. El proyecto se ha denominado CRONO porque estos jóvenes inmigrantes necesitan que alguien les dedique tiempo para poder salir adelante.
La idea ya ha reunido a unas 20 parejas de voluntarios y menores, pero el objetivo es llegar a acompañar a un número mayor de chicos. Para ello se precisan más voluntarios y también conseguir que los beneficiarios de este apoyo acaben convirtiéndose en monitores que ayuden a su vez a otros chavales nuevos que van llegando.
“Muchas veces los jóvenes inmigrantes tienen dificultades, según explica Belén Garcés, coordinadora del proyecto. Lo normal es que lleguen con altas expectativas porque en su país asumen roles y responsabilidades que para nosotros son características de adultos, pero cuando llegan a nuestras ciudades suelen ser tratados como menores de edad”.
Este programa de apoyo e integración está resultando muy interesante. Algunos voluntarios, que ya habían tenido otras experiencias se han animado con esta  iniciativa por la oportunidad de tener un contacto muy directo con personas de otras culturas. Aprender juntos a convivir abre a todos nuevos horizontes de convivencia.
Muchos de los chicos  afirman que, gracias a este apoyo, han hecho cosas que no habrían pensado siquiera. Sacarse un carné de la biblioteca, conocer mejor la ciudad, escuchar música y aprender canciones para mejorar su castellano, participar en tertulias o usar Internet. Siempre es más fácil de la mano de alguien que ya conoce los códigos y la forma de moverse en la sociedad.
Los jóvenes inmigrantes quieren apoyo, pero no que les den todo hecho. Son chicos con ganas de luchar, con muy buenas habilidades para relacionarse, aprender y adaptarse, a pesar de barreras como el idioma, los papeles o la formación. Cuando no se domina el idioma se tarda un poco más de tiempo en conocerse, pero se desarrollan otros muchos lenguajes que tenemos para compartir, como son la música o el tiempo de ocio. Esos lazos humanos dan confianza y construyen convivencia. Así ha de ser el futuro de encuentro y acogida en nuestras sociedades.

María José Atiénzar
Periodista
ccs@solidarios.org.es