20.04.2007Al Qaeda, desde Jerusalén hasta el Al Andalus

Los servicios de inteligencia occidentales están en alerta máxima. A las declaraciones del “número dos” de Al Qaeda, Ayman al Zahaweri, que se dedica a lanzar enardecidos llamamientos a la Guerra Santa, se suman las amenazas  relativas a la reconquista de Al Andalus, proferidas por los autores de los atentados de Argel, pertenecientes a la Organización Al Qaeda en Tierra del Magreb Islámico, nombre adoptado por el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC).
El comunicado hecho público a través de Internet por los integrantes de la rama magrebí de Al Qaeda advierte: “Juramos por Alá no deponer nuestra espada ni descansar hasta que liberemos cada palmo de la tierra del Islam de todo cruzado, colaboracionista y agente, desde Jerusalén hasta Al Andalus”.
No hace falta ser experto en cuestiones islámicas para comprender el alcance del mensaje. Basta con recordar las advertencias formuladas inmediatamente después de los atentados del 11-S por quienes afirmaban que Al Qaeda no era una mera “franquicia” de la internacional terrorista, que las células durmientes iban a activarse en el momento oportuno, que el anonimato de la red protegía a centenares, millares de seguidores del multimillonario saudí Osama Bin Laden.
La guerra de Afganistán y la intervención Occidental en Iraq se limitaron a retrasar, al menos aparentemente, la respuesta de los radicales islámicos a la ofensiva lanzada por el actual inquilino de la Casa Blanca en Octubre de 2001. La caída del régimen talibán y el caos generado por la ocupación de Bagdad fueron el detonante de la radicalización paulatina de la sociedad árabe-musulmana. El odio contra Occidente, el desprecio para con el modo de vida occidental, el rechazo del materialismo y el laicismo, se convirtieron en caballo de batalla de los defensores de aquél Islam puro y duro con el que soñaba Bin Laden en los años 80.
La llamada “guerra global contra el terrorismo”, ideada por Bush y potenciada por sus aliados israelíes, acabó convirtiéndose en el poco deseado primer acto de la pesadilla del “choque de las civilizaciones”.
La inquietante evolución registrada en los últimos tres años en los países del Magreb pone de manifiesto la existencia de planes de combate cuidadosamente preparados por la cúpula del movimiento islamista. La transformación del GSPC en Al Qaeda del Magreb Islámico no es una mera casualidad. Como tampoco lo es el hecho de que los radicales argelinos utilicen desde hace más de 10 años el suelo español como base logística para sus actividades de captación de nuevos seguidores.
Es casi imposible enumerar las medidas jurídicas y de cooperación adoptadas por la comunidad internacional para apoyar la lucha contra el terrorismo. Se trata de instrumentos destinados a neutralizar las actividades de los islamistas, desde el reclutamiento y la radicalización a la financiación y congelación de activos en cualquier lugar del mundo.
Los expertos comunitarios advierten que “la seguridad completa es una quimera”, ya que la estrategia del terrorismo islámico está basada en lograr el mayor número de víctimas, perpetrando ataques contra “objetivos blandos”. La planificación se reduce por cuanto no se planifica ninguna retirada ni huida, puesto que los autores desean morir en el ataque. Las medidas de protección que pueden ser efectivas contra los otros tipos de terrorismo no funcionan en estos casos, lo que dificulta la capacidad de las Fuerzas de Seguridad a la hora de prevenirlos.
“La lucha debe planificarse con detenimiento, analizando los métodos empleados por los yihadistas, su forma de pensar y de actuar, su forma de moverse y acatar las órdenes”, aseguran los jefes de los servicios de inteligencia europeos.
A corto plazo, es preciso investigar los movimientos radicales para cortar de raíz sus planes. A medio plazo, deberían establecerse relaciones con la Conferencia Islámica y otros organismos, tratando de construir la mutua confianza. A más largo plazo, colaborando con dichas organizaciones, es preciso llevar a cabo acciones de integración de los jóvenes, sabiendo que los radicales no desaprovecharán la oportunidad de fichar simpatizantes que podrían convertirse, dentro de unos lustros,  en una nueva generación de yihadistas.
La verdadera guerra contra el radicalismo islámico se halla en fase de gestación. Se trata de un auténtico desafío, teniendo en cuenta la agudización del islamismo en tierras del Magreb y en los enclaves españoles de Ceuta y Melilla.

Adrián Mac Liman
Analista Político Internacional
ccs@solidarios.org.es