Más de mil millones de personas carecen de acceso al agua potable, y otros 2.400 millones de personas no tienen acceso a un saneamiento adecuado. Más de 2.200 millones de habitantes de los países empobrecidos, la mayoría niños, mueren todos los años de enfermedades asociadas con la falta de agua potable, saneamiento adecuado e higiene.
Además, casi la mitad de los habitantes de los países en desarrollo sufren enfermedades provocadas por el consumo de agua o alimentos contaminados, o por los organismos causantes de enfermedades que se desarrollan en el agua.
En la mayoría de las regiones, el problema no es la falta de agua dulce potable sino la mala gestión y distribución de los recursos hídricos.
Los dos acuíferos más grandes del mundo se encuentran en África. El primero, el acuífero de Areniscas se encuentra en Egipto y encierra setenta y cinco mil millones de metros cúbicos de agua. El segundo acuífero más grande del mundo se encuentra en el norte del desierto del Sahara, entre Argelia, Túnez y Libia, existen un millón de kilómetros cuadrados que contienen sesenta mil millones de metros cúbicos de agua.
La mayor parte del agua dulce se utiliza para la agricultura, mientras que una gran cantidad se pierde en el proceso de riego. La mayoría de los sistemas de riego funcionan de manera ineficaz, por lo que se pierde aproximadamente el 60 por ciento del agua que se extrae, que se evapora o vuelve al cauce de los ríos o a los acuíferos subterráneos. Los métodos de riego causan algunos riesgos para la salud: el anegamiento de algunas zonas de Asia Meridional es una de las causas de transmisión de la malaria.
Pero este problema no es sólo de los países más pobres. Con los efectos del cambio climático, el agua se convertirá no dentro de mucho tiempo en uno de los recursos más caros del planeta. Lo que debemos tener en cuenta es que hoy tenemos la misma cantidad de agua que hace miles de millones de años. El agua no se pierde, la Tierra en sus dos terceras partes está formada por agua. El problema es cómo la utilizamos. Hasta el año 2001, el agua era un bien común regulado por los estados. Pero a partir de ese año, la Organización Mundial del Comercio (OMC), consideró a la salud, a la educación y a los recursos naturales como bienes comerciales para el libre mercado. Desde este momento, la situación puede dirigirse en dos caminos. Por un lado la apropiación de zonas con recursos hídricos. No es descabellado pensar que se puedan producir conflictos bélicos para controlar zonas con grandes reservas de agua. Por otro, el control por parte de las grandes multinacionales de las reservas de agua, lo que significaría la privatización del agua. En muy pocos años se calcula que el 80% del agua estará en manos de empresas privadas. Es aquí donde entra en juego el agua embotellada. Estas empresas se dedican a explotar los acuíferos para vender el agua embotellada. De esta forma, la población compra embotellada el agua que sale por el grifo. Lo importante es que ésta tendencia no ocurre sólo en países con dificultades de acceso a agua potable, sino que en ciudades como Madrid, la venta de agua embotellada ha aumentado de forma exagerada en los últimos años. Entre 1970 y el año 2000 la venta de agua embotellada creció más de ochenta veces en todo el mundo, lo que supone vender 84 mil millones de litros de agua y ganar dos mil millones de dólares.
El negocio es rentable porque las ganancias no se dividen entre muchas empresas. Las francesas Vivendi y Suez, la alemana RWE, la inglesa, Thames Water y la norteamericana American Water Works. Cinco empresas que comercian día a día con la fuente de vida de millones de personas. Mientras estas empresas se enriquecen, el Banco Mundial les ofrece préstamos para reforzar sus sistemas de extracción del agua, y los gobiernos de muchos países del Norte transfieren su responsabilidad de velar por los recursos naturales alegando que estas empresas mejoran el servicio.
El agua será el oro azul del siglo XXI, pero a diferencia del petróleo, aún tenemos tiempo para convertirlo en un bien común y no sólo de unos pocos.
Raúl Granado
Periodista
ccs@solidarios.org.es


