25.05.2007Cuando Ulises vuelve

Tristeza, llanto, culpa, miedo, irritabilidad, cansancio y fatiga. Estas son algunas de las señas de una patología que padecen entre 600.000 y 1 millón de inmigrantes que viven en España. Se conoce como “Síndrome de Ulises”, en alusión al héroe  de Homero que “pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando incansablemente…”.
Esta patología tiene su raíz en un mundo donde ganar significa imitar la vida de paraísos que los grandes medios de comunicación imprimen en el imaginario colectivo. Ciudades en las que “sobran” puestos de trabajo, plagadas de rascacielos y edificios modernos, de bolsas de la compra, de familias sonrientes, de coches y de casas… sustentan esa vida feliz.
De pronto, la vida de millones de desposeídos gira alrededor de esa ambición. Para los inmigrantes, el miedo a arriesgar la vida en una travesía de mares y desiertos se pierde ante la posibilidad de alcanzar ese paraíso. Se calcula que han muerto 4.000 personas en el Estrecho de Gibraltar desde 1994 y que cada día mueren 3 personas en promedio en la frontera México-EEUU.  Personas que no temen perder los ahorros de la familia o los de toda una comunidad que los eligió, por ser los mejores, para ir al “Primer Mundo”.
Superar los peligros y los obstáculos para cruzar la frontera desemboca muchas veces en una euforia desmedida que se convierte pronto en tristeza, llanto, miedo y fatiga. Las causas de este malestar están en la dificultad que supone reconfigurar la personalidad cuando se comienza a extrañar a la familia, a las costumbres, la tierra, la comida, etc. Las diferencias culturales y las barreras lingüísticas ‘catalizan’ la caída de la autoestima.
La soledad casi siempre forzada, el malestar producido por el fracaso del proyecto migratorio y la lucha diaria por la supervivencia erosionan la identidad de los inmigrantes y su capacidad de reacción. Se vuelve crónico el miedo a la repatriación, a la violencia, a la explotación y a los abusos de empresarios y de mafias. No pocas veces, la añoranza de los recuerdos aflora durante las noches y acaba produciendo una fatiga que lleva a personas sanas a una incapacidad física y psíquica total.
La ausencia de redes sociales representa otro obstáculo para superar este síndrome, visible en el llanto y en la expresión de tristeza de las personas que parecen ‘deambular’ con la mirada baja, como el caso que mostraba la televisión de España de un boliviano que repartía publicidad gratis por Madrid y que padecía el síndrome.
Llevadas a un extremo, las situaciones de estrés pueden llevar a las personas a desarrollar fallos importantes en la memoria y a confundirse respecto al tiempo y al espacio.
Los ‘Ulises’ del mundo reviven al padre de familia retratado en la película Stanno Tutti Bene de Guiseppe Tornatore, representado por Marcelo Mastroianni. El recién jubilado trabajador rural decide visitar a sus cinco hijos por sorpresa para  encontrarse con realidades muy distintas a las que le contaban a distancia. En el caso de los inmigrantes, ese encuentro tiene lugar en el locutorio desde donde llaman para apaciguar sus preocupaciones y para ver si todo en casa marcha bien. Y como ellos, sus familiares de Perú, de Ecuador, de México, de Rabat o de Senegal dicen “estamos todos bien”.
La esperanza reside en que, al final, Ulises vuelve a la tierra que le pertenece para compartir la sabiduría que da el camino más que el destino. Quizá no haya mejor manera de ayudar al Sur que acoger a los inmigrantes para que se conviertan en corresponsales y maestros de lo que conquistaron fuera de casa. Además de reconocer sus derechos, conviene crear espacios para que puedan contar quiénes son y escuchar cómo es el país al que acaban de llegar.
 
Carlos Miguélez Monroy
 Periodista
ccs@solidarios.org.es