El ejército español necesita médicos. Cada año, 50 facultativos militares se dan de baja. En la convocatoria de 2006 sólo se cubrieron un 12% de las plazas y en 2007 no ha habido ningún ingreso. El Ministerio de Defensa de este país ha propuesto que para paliar este déficit se alisten como oficiales a médicos extranjeros. Hasta ahora, el personal extranjero en el Ejército español tan sólo podía ser soldado o marinero. Es la primera vez en la historia que los extranjeros podrán tener rango de oficial.
Entre médicos, psicólogos, enfermeros y veterinarios, el cuerpo sanitario del ejército español cuenta con 2.300 profesionales. Y mientras estos profesionales descienden en número, las misiones del ejército español en el exterior aumentan. Las operaciones en el extranjero obligan a que los sanitarios pasen estancias cada vez más largas fuera de su hogar porque cada contingente en el exterior cuenta con un hospital de campaña e instalaciones médicas específicas. Kosovo, Líbano o Afganistán son un ejemplo de ello.
Muchos profesionales sanitarios, sobre todo médicos, se han dado de baja o han pedido una excedencia del ejército. Muchos de ellos no quieren correr los riesgos de estar en territorios “complicados”, otros no quieren abandonar sus consultas privadas ni a sus familias… la retribución de un médico del Ejército español es un 30% menor que el sueldo de un médico de la red pública, según publicaba hace unos días un diario español.
Ante esta situación y el coste de las misiones en el extranjero, ¿por qué el Gobierno español mantiene a sus tropas en lugares tan lejanos como Afganistán? Es interesante comprobar cómo las tropas que se mantienen en Afganistán, así como las de otros países en Iraq, dedican gran parte de su tiempo en la defensa de sus propios soldados, cuidándose sus propias espaldas… ¿qué sentido tienen las “misiones humanitarias” cuando los soldados no pueden hacer trabajos de reconstrucción ni de formación ni de ayuda a la población porque tienen que cuidarse unos a otros?
El problema de personal en el Ejército español, además, no sólo es el de la falta de personal sanitario. Tras acabar con el servicio militar obligatorio, el Ejército de España también está teniendo problemas para mantener el número óptimo de soldados. Así, ya se tomó la decisión de permitir alistarse a extranjeros con vínculos históricos, culturales y lingüísticos con este país. Hoy, cerca del 6% de la tropa y la marinería tiene nacionalidad extranjera, sobre todo, de países Latinoamericanos.
La falta de médicos tampoco es sólo un problema del ejército de España. Un estudio del Ministerio de Sanidad español estima que en este país faltan 3.000 médicos. España cuenta con tres médicos por cada 1.000 habitantes, lo que la sitúa tan sólo por encima de Grecia e Italia. La UE no prevé un futuro mejor, según uno de los últimos estudios sobre la demografía médica realizado por la Unión, España perderá 12.000 profesionales médicos en los próximos 15 años. Habrá jubilaciones, otros preferirán trabajar en países donde las condiciones laborales sean mejores y otros no podrán con la presión asistencial que padecen estos profesionales. El Ministerio de Sanidad explica que estas “malas notas” tienen su origen en la resistencia de los médicos a la movilidad geográfica, a la mala distribución por especialidades médicas y a la rigidez de las universidades con notas muy altas para acceder a los estudios de Medicina.
Enfermeras, ATS y otros profesionales sanitarios también salen de España para trabajar en otros países como Inglaterra o Portugal. Sin duda, los salarios y la oferta de trabajo animan a estos profesionales a trabajar fuera de su país. El Gobierno tendrá que hacer frente a esta realidad antes o después y legislar para que haya mejoras en las condiciones de trabajo, en los salarios y en el acceso a las Universidades de Medicina, Enfermería y Farmacia. Porque la salud, tanto en la vida civil como en la militar, no es un juego.
Ana Muñoz Álvarez
Periodista
ccs@solidarios.org.es


