La Unión Europea ya tiene un nuevo Tratado que sustituye al proyecto de Constitución que echaron abajo en los referendos de Francia y de Holanda, sobre todo a causa de su falta de un gran programa de reformas sociales. Tras siete años de lucha los líderes de la Unión Europea acordaron el Tratado de Lisboa que reforma los dos Tratados actuales, el de la Comunidad Europea y el de la Unión Europea. Los Veintisiete encontraron fórmulas para satisfacer a Polonia e Italia, que habían planteado las últimas dificultades. Italia logró obtener un diputado más en el Parlamento Europeo, cedido por Francia, e iguala su representación con el Reino Unido, aunque no consigue la paridad con Francia. El nuevo Parlamento tendrá 750 diputados más su presidente. Este Tratado, alentado por la canciller alemana, Ángela Merkel, era la prioridad de las prioridades. Con el anuncio solemne del Acuerdo por el Presidente de Portugal que ostenta la presidencia de turno de la UE, José Sócrates, ha nacido el nuevo Tratado, que permite superar una serie de crisis institucionales desde las filas de los miembros más recientes, alentados por intereses financieros e imperios económicos que no desean una Europa unida, firme y resulta con independencia de criterios ante el nuevo escenario internacional con interlocutores como China, India, EEUU y Rusia.
El nuevo Tratado será firmado en Lisboa el próximo 13 de diciembre. Después se iniciará el proceso de su ratificación en los distintos Estados miembros. La posible convocatoria de un referéndum para su ratificación en el Reino Unido se presenta ahora como el nuevo escollo más serio. Aunque el primer ministro británico, Gordon Brown, asegura que no se celebrará tal consulta, crece la presión de la oposición y en su propio partido exigiendo el referéndum.
Los aspectos más notables de las instituciones comunitarias son: Los líderes de la UE elegirán a un presidente del Consejo por dos años y medio, renovables, en lugar de la actual presidencia rotatoria de seis meses. El jefe de la diplomacia ve reconocido su papel y se refuerza su poder en calidad de vicepresidente de la Comisión. Hasta 2014, la toma de decisiones seguirá el sistema vigente, acordado en el Tratado de Niza en 2000. Después, las votaciones se realizarán por el sistema de doble mayoría: se necesitará el apoyo del 55% de Estados miembros que representan al 65% de la población europea. Pero los asuntos de política exterior, presupuestaria y fiscal, seguirán exigiendo unanimidad. En cuanto a los derechos de Ciudadanía, la carta de Derechos fundamentales será de aplicación legal en todos los Estados miembros, salvo en Gran Bretaña, por su temor a que los ciudadanos los reclamen ante los tribunales, y a que se retrase la edad para el ingreso en las academias militares. Asimismo, porque Inglaterra no quiere que se imponga desde “el exterior” la definición del derecho a la huelga. El ultra conservador gobierno de Polonia busca una fórmula para evitar su aplicación directa para asegurar que la UE no le fuerce a modificar leyes que afecten al aborto, a la unión entre homosexuales etc. Como consecuencia de una propuesta holandesa, los parlamentos nacionales tendrán el poder de devolver proyectos a la Comisión Europea para su revisión. Pero para que prospere esta devolución dilatoria tendrán que reunir la oposición de un tercio de los 27 parlamentos nacionales para confirmar que se invaden sus competencias.
El máximo responsable de la Política Exterior de la UE, Javier Solana, asumirá su doble función, como vicepresidente de la Comisión Europea, por una parte, y como Alto Representante de la UE y secretario del Consejo, que no asumiría sus funciones en la Comisión hasta después de las nuevas elecciones europeas en la primavera de 2009 y coincidiendo con la renovación de la Comisión.
Después de estos siete años de zozobra y de inseguridad se ha logrado un Texto que no es tan amplio como el del proyecto de Constitución pero que sí consagra los aspectos fundamentales de esta Unión, en espera de que algún día la opinión pública y las mentes rectoras de los gobiernos nacionales comprendan que ha llegado el momento de consagrar unos Estados Unidos de Europa o, mejor aún, una gran República de Europa compuesta por estados federales republicanos.
José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid
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