28.03.2008Nadar a contracorriente

Porque estoy convencida de que otro mundo es posible.
Soy de Menorca. Nacer y vivir en una isla imprime carácter. Cuando era pequeña, iba a nadar con mi padre y mis hermanas a una playa preciosa que tiene un pequeño islote cerca de la arena. Me gustaba alcanzar el islote los días de oleaje, mientras oída las voces de mi padre: “No nades a contracorriente”. Mi satisfacción era mayúscula cuando llegaba al islote y levantaba los brazos en señal de victoria.
Nadar a contracorriente es un reto permanente. Para mí significa colocar la justicia/equidad y la solidaridad en el centro de mi vida. El mundo en el que vivimos presenta realidades escandalosas y diferencias cada vez mayores. Hablamos de países del Norte y del Sur; países desarrollados y países en desarrollo, países ricos y países pobres. Hablamos del primer mundo y del tercer mundo.
Todas esas contraposiciones son el resultado de procesos largos, complicados y complejos que han dado como resultado diferencias enormes entre unos países y otros que crecen sin cesar porque sus raíces están abonadas por la injusticia.
¿Es justo que más de la mitad de la población mundial no tenga garantizados derechos tan elementales para vivir como el derecho a la alimentación, el derecho al agua, el derecho a la educación o a la salud?
¿Es justo que la riqueza de quienes accidentalmente, por azar, hemos nacido en países supuestamente desarrollados se obtenga a costa del empobrecimiento de quienes accidentalmente, por azar, han nacido en países empobrecidos?
¿Es justo que el 90 por ciento de la riqueza total del planeta esté en manos de solo el uno por ciento de sus habitantes?
¿Es justo que haya libertad para bienes, servicios y capitales pero no haya libertad de movimientos para aquellas personas que intentan huir de la pobreza y de la exclusión?
¿Es justo que cada día mueran más de 30.000 personas a causa del hambre, cuando en la tierra, según la FAO, hay recursos suficientes para alimentar a todos los habitantes del planeta?
¿Es justo que 10 millones de niños mueran todos los años antes de cumplir los 5 años, la gran mayoría debido a la pobreza y la malnutrición?
¿Es justo que el 40% de la población intente sobrevivir con menos de dos dólares al día?
Nadar a contracorriente hoy es fomentar el sentido de la justicia y de la equidad desde el núcleo familiar para transmitirlo al grupo social en el que nos movamos.
Nadar a contracorriente es denunciar que mientras el 60% de la población mundial puede entrar en el mercado mundial del consumo, el resto se encuentra excluido, incluso de los derechos humanos más elementales como el derecho a la alimentación, el derecho a la salud, a la educación. Nadar contracorriente es: Hacer sentir a los ciudadanos la realidad del otro, dejarse afectar por ella. Es conocer y reconocer la realidad del otro. Es actuar e intervenir.

María Teresa de Febrer
Periodista de la ONGD PROSALUS
mt.defebrer@prosalus.es