Sin meditación, sin silencio, sin interioridad, no se puede vivir. Una cosa es la esperanza y otra, la espera. Hay que volver a experimentar la importancia de lo cualitativo frente a lo cuantitativo. Es el inicio de la paz.
Una cosa es la pobreza y otra, la miseria. La miseria es desdichada; la pobreza puede ser una bendición. Es no estar atado a nada, ni siquiera a la vida.
Somos únicos y singulares en el universo. Cada uno de nosotros es único e irrepetible. Pero esa singularidad sólo podemos vivirla si renunciamos al pasado, que es sólo un recuerdo, y al futuro que es sólo una ilusión y vivimos en el presente “sempiterno”. Panikkar se ha inventado esta palabra para describir un tiempo que no es ni largo ni corto sino único, el momento en el tiempo en que estás fuera del tiempo.
La sociedad actual es sumamente superficial, carece de toda coquetería interior. Ya no existe ese interés por aprender, por cultivarse uno mismo, por hacer una obra de arte de uno mismo. Hemos perdido esa feminidad que todos llevamos dentro, esa coquetería interna. El culto a la persona y al interior se ha perdido. Uno debería hacer una obra de arte de cada uno. Sócrates nos insta con este aforismo “La vida examinada es la única que merece ser vivida”.
Raimon Panikkar
Filósofo y teólogo


