Las ONG están perdiendo el espacio público, advierten algunos expertos. Y la sociedad asiste a ello con indiferencia. El número de personas que colaboran con las organizaciones no gubernamentales ha disminuido y, en el mejor de los casos, se ha estancado. La crisis tiene algo que ver, pero no es todo. ¿Qué les está ocurriendo a las ONG?
Tan sólo en España existen más de 11.000 organizaciones de la sociedad civil y colaboran de manera activa más de un millón de personas, ofreciendo su tiempo y poniéndose al servicio de los que menos tienen. Pero las organizaciones no sólo han de quedarse en el voluntarismo o en la caridad… Es fundamental la lucha contra las injusticias y la búsqueda de soluciones alternativas para que se den cambios en las estructuras y en los valores, que desaparezcan los estereotipos y los estigmas…
Otro elemento consustancial a las organizaciones es la participación de sus miembros y colaboradores. Y la participación como agentes sociales en la transformación de las estructuras que crean desigualdades. Son altavoz de los que nos son escuchados y sus miembros, como personas que votan, deben exigir a sus gobernantes.
El boom de las ONG fue en los años 1984 y 1985 cuando surgieron en todo el mundo la misma cantidad de ONG que entre 1909 y 1984. Durante esos primeros años, las organizaciones tenían más corazón y ganas de cambiar las cosas. Con el paso del tiempo, se convirtió en Tercer Sector y en las organizaciones se han ido incorporando profesionales. Esta profesionalización de las ONG, en principio, parece ser positiva. Las ONG son más eficientes y realizan un trabajo más profesional, pero para muchos también han perdido espontaneidad y corazón.
Las ONG han conseguido aumentar los recursos económicos y han mejorado en la atención, pero no han aumentado sus espacios de participación, advierte Carlos Gómez Gil, sociólogo que analiza la realidad de las organizaciones de España. Para este experto, es contradictorio que las ONG crezcan al mismo tiempo que hay crisis en los movimientos sociales tradicionales, que se alejen del ámbito político, que reciban dinero público mientras cuestionan algunas políticas estatales… Todas estas críticas y, quizás, un cierto sentimiento de impotencia y de hastío en la sociedad, es lo que ha hecho que las organizaciones hayan perdido ese espacio público que ocupaban.
Los noticieros nos bombardean con imágenes de pobreza, con personas mayores solas, con personas que no pueden ejercer libremente sus derechos, con injusticias… con imágenes que nos “duelen” y que nos hacen pensar hacia dónde va el mundo. Y lejos de hacernos más sensibles y de salir a la calle gritando que no queremos este mundo, permanecemos impasibles, indiferentes… y miramos hacia otro lado pensando así que todo desaparecerá. Cientos de organizaciones cada día nos hablan de diferentes grupos y de sus realidades. Y todas necesitan ayudas urgentes y apoyos: firma de manifiestos, ayudas económicas, donaciones de ropa, libros o juguetes… Los ciudadanos estamos confundidos y cansados de tanta petición. Y las organizaciones también: ¿Por qué la sociedad no colabora con nosotros? Si con su apoyo todo cambiaría, ¿por qué no lo hacen?
Las ONG tienen que volver a sus raíces, a entusiasmar a la gente de que las cosas pueden cambiar y de que en este mundo hay cabida para todos. La pobreza, las injusticias, las desigualdades no son estados naturales e irremediables. Y está en manos de todos nosotros.
Las organizaciones tienen que dejar de ser vistas como herramientas del sistema, como grupos de difícil acceso y de movimientos cerrados. Tienen que recuperar el espíritu de participación y de ciudadanía. La sociedad civil se organiza y crea espacios de encuentro, de debate, de diálogo, de formación y de acción. Y sólo de este modo podrán recuperar su espacio, su capacidad de incidencia y de cambio.
Ana Muñoz Álvarez
Periodista
ccs@solidarios.org.es


