31.03.2010La Europa necesaria (II)

Decimos sí a la Europa de los pueblos, del respeto a todas las identidades, de la libertad, de la paz. La Europa de la tolerancia y de la creatividad. La Europa que se atreve a saber y sabe atreverse.
No a la Europa que despreció Albert Camus porque “pudiendo tanto se atrevió a tan poco”.
No a la Europa tímida y miedosa, con tortícolis crónica por mirar siempre hacia el otro lado del Atlántico. Aliados, amigos, sí. Súbditos, no.
No a la Europa que sigue con el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sin propia autonomía en Defensa. Ya no existe el Pacto de Varsovia. Pero sí que existen el Atlántico Sur y el Mediterráneo y el Pacífico.
No a la Europa que invade Kosovo a través de la OTAN, sin contar con la anuencia del Consejo de Seguridad.
No a la Europa que sustituye los valores democráticos por las leyes del mercado; que se olvida, por intereses a corto plazo, de la justicia social, del apremio permanente de com-partir, de co-operar.
No a la Europa que debilita a las Naciones Unidas en lugar de dotarlas de los medios personales, financieros y técnicos necesarios para el ejercicio de su misión.
No a la Europa que confía a grupos plutocráticos la gobernación del mundo en lugar de afianzar el multilateralismo.
No a la Europa de la vorágine del crecimiento y del progreso guiados por el beneficio inmediato que recurre a millones de migrantes… a los que luego pretende asimilar en lugar de integrar, abandonándolos a su suerte después de haberlos utilizado; o, sobre todo, a la Europa que pretende ahormar la identidad de los inmigrantes poniendo condiciones a su ciudadanía.
No a la Europa que mira hacia otro lado cuando sus multinacionales actúan indebidamente en América Latina y en África. Deben revisarse de inmediato y sin contemplaciones las explotaciones de coltán (columbita-tantalita) en el Congo, territorio de los Kivus; la bauxita en Guinea Conakry; las explotaciones de oro tanto en África como en Centro América…
No a la Europa que sigue consintiendo ser sede de paraísos fiscales, sabiendo que mientras existe la posibilidad del lavado de dinero sucio, no será factible llevar ante los tribunales, como debería hacerse sin mayor demora, a las mafias traficantes de armas, drogas, capitales, patentes, personas…
No a la Europa que denuncia, como debe, la falta de democracia en la Cuba de 13 millones de habitantes, olvidándose, como no debería, de Guantánamo, de Abu Ghraib, de Bagram, de las “democracias” de las oligarquías que, especialmente en América Latina, siguen permitiendo que el 42% de los niños no tengan acceso a la escuela y que centenares de miles de ciudadanos deban emigrar a lejanos países para enviar después sus remesas… mientras favorece las visitas de jefes de Estado a los países en los que ha deslocalizado la producción sin tener en cuenta sus condiciones democráticas ni laborales, especialmente en un país del Este en el que viven 1.300 millones de personas, sin que en estos casos se tenga en cuenta los derechos humanos, la práctica de la pena capital,… o que se olviden que la política seguida por Colombia, con la implantación de bases norteamericanas, está conduciendo a la remilitarización del conjunto de los países de América Latina…
No, rotundamente, a la Europa que no condena, cuando debería, como debería, los desmanes que han tenido lugar en Gaza, los “asesinatos selectivos”, los asentamientos y los muros construidos en contra de la Corte Internacional de Justicia, aplazándose progresivamente por parte de Israel el reconocimiento del Estado Palestino.
No a la Europa que condena el velo en algunos países y tolera, siempre por intereses económicos, la humillación de la mujer en anuncios de prostitución en las páginas intermedias de periódicos incluso muy conservadores, en programas de televisión, en la publicidad donde la mujer se presenta totalmente “des-velada” como puro artículo de consumo…
No a la Europa que sigue sin apostar claramente por las energías renovables, la producción de alimentos y de agua en las cantidades que se requieren y que deja que, de nuevo, se confíen las riendas de la economía a las mismas instituciones de especulación, de la producción de armamentos, de “burbujas” cuyas facturas pagan siempre los más desposeídos y menesterosos.
Por su fantástico pluralismo, por su cultura democrática, por su visión de la ciudadanía mundial, Europa no puede seguir siendo un espacio sumiso y atemorizado. Los pueblos de Europa deben rebelarse para que tenga lugar la transición desde una cultura de imposición y violencia a una cultura de conciliación, diálogo, alianza y paz, con los creadores en la vanguardia, con los intelectuales al frente.
Será el “nuevo comienzo”, para que, en pocos años, sea realmente la Europa-faro, la Europa-vigía.

Federico Mayor Zaragoza
Presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex Director General de la UNESCO
ccs@solidarios.org.es