Desde el inicio del siglo pasado se ha defendido la interacción entre el comportamiento humano y el medioambiente. Así, el ruido, la densidad de población, la calidad del aire, el clima, entre otros, se han señalado como principales factores en el comportamiento humano. Eso sí es una interacción recíproca: hombre-Naturaleza, y viceversa.
El psicólogo Kart Lewin fue uno de los primeros pensadores en dar importancia a la relación entre los seres humanos y el medioambiente. Su objetivo fue determinar la influencia que la Naturaleza produce en las personas, así como la forma en que la persona actúa, reacciona y se organiza, dependiendo de su hábitat.
No obstante, no fue hasta los años 60 del siglo pasado, donde la psicología oficial comenzó a estudiar esa realidad: ambiente-persona. Surgió así lo que hoy llamamos psicología ambiental. Desde entonces dos son las cuestiones fundamentales de los expertos en esta materia: la influencia del medio ambiente sobre el estado psíquico de las personas; y la influencia de éstas sobre la Naturaleza, es decir, el factor humano como gran potenciador, para bien o para mal, de las posibilidades del entorno.
Así, podemos afirmar que la psicología ambiental “es el estudio del comportamiento humano en relación con el medio ambiente ordenado y definido por el hombre”. La convivencia ambiental es definida por Felles María “como el sistema de vivencias, conocimientos y experiencias que el individuo utiliza activamente en su relación con el medio ambiente”.
Podemos señalar tres principios básicos de la psicología ambiental:
1.- El hombre es capaz de modificar el ambiente. El hombre de forma directa o indirecta puede favorecer o entorpecer las buenas condiciones de la Naturaleza. Desde el cuidado de los montes, el respeto por las condiciones físicas del entorno, el control de la contaminación (ruidos, humos, etc.) hasta el respeto por una planta o un animal. Todo ello puede contribuir a construir un mundo más bello, pero también más sano.
2.- La persona y el medio ambiente son una entidad única. No podemos plantearnos el respeto a la Naturaleza como algo impuesto, sino más bien como una actitud imprescindible para la propia supervivencia de la especie humana. Si defendemos y cuidamos la Naturaleza, nos estamos defendiendo y cuidando a nosotros mismos.
3.- El individuo activa el medioambiente y el medioambiente afecta a la persona. Esta idea es una consecuencia de lo anterior. El medio ambiente y el individuo no se contraponen sino más bien son dos elementos de una misma realidad: la Naturaleza.
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra y miembro fundador del Teléfono de la Esperanza
www.telefonodelaesperanza.org


