22.10.2010Ligero de equipaje

Estaba el Maestro paseando junto al río y se asombraba de la destreza de un pescador al lanzar su redonda red al aire. ¡Iba llena de armonía en su movimiento!
En esto, llegó su ayudante y dijo al Maestro:

- El Abad tiene la importante visita de un magistrado de Pekín que insiste en saludarte antes de regresar a la Corte, y te ruega que lo atiendas.
- Vete en busca de Su Señoría y hazlo pasar a mi cabaña. Dudo de que fuera capaz de disfrutar de esta puesta de sol.

Sergei se fue volando para acompañar al gran Magistrado que tuvo dificultades al recoger su ampuloso kimono para caminar por el estrecho sendero de guijarros que conducía al Maestro. Cuando llegó ante la cabaña, miró al asistente que le indicaba la entrada con la mano. El alto mandarín tuvo que inclinarse para poder entrar y, al ver al Maestro sentado tejiendo un cesto, no pudo contenerse y mirando las desnudas paredes, exclamó:

- Maestro, ¿dónde están tus muebles?
- ¿Dónde están los tuyos, noble Magistrado?
- ¿Los míos? Pero si yo sólo estoy de paso. No voy a llevar mi morada a cuestas. El viaje requiere ir ligero de equipaje.
- Lo mismo me sucede a mí, – respondió con una amplia sonrisa el Maestro que vio alejarse con tristeza al noble mandarín de la Corte Imperial.

J. C. Gª Fajardo
fajardoccs@solidarios.org.es