12.11.2010Un suplemento de ternura

Está visto que los viejos no están de moda. Lo que hoy interesa es la gente joven. Es la que impera en la publicidad, los modelos de vida y consumo, el ideal impuesto a nuestra sociedad. A ello se añade la costumbre de la jubilación anticipada, el desprecio fomentado por ciertos sectores que adoran la salud, la belleza física y el culto al cuerpo como ídolos irrenunciables, y en general la marginación a los que son sometidos por una población activa que los confisca en asilos y residencias.
Eso no fue siempre así. El papel de los seniores (senadores) en las culturas antiguas era bien preponderante. Basta releer De senectute de Cicerón para comprobar el aprecio por la aportación de madurez, buen criterio y consejo que se atribuía a la edad provecta
Una de las facetas de este último tramo de la vida humana, quizás la más entrañable, es la de ser abuelos. Un papel fundamental en la vida de la familia que se ha ido complicando con las dificultades de la vida actual, porque, o no están al ser recluidos en residencia, o si están, no dan abasto con sus nietos, ya que los padres paran poco en casa.
No obstante parece que algo se mueve en favor de los abuelos. S ha ido institucionalizado en todo el mundo “El Día de los Abuelos”, en España implantado por Mensajeros de la Paz, como ya existe hace tiempo el Día del Padre y el Día de la Madre. Esperemos que no para aumentar el consumo y en loor y gloria de los grandes almacenes.
¿Qué se puede decir de los abuelos? ¡Tanto y a la vez tan poco! Porque los abuelos han ocupado en nuestras vidas tal papel oculto, sencillo, pero tan eficaz y lleno de recuerdos, que sus rostros, sus dichos, ejemplos y ocurrencias permanecen grabados en nuestra alma de forma indeleble.

Soneto a un abuelo

Al borde de la vida y de la muerte,
transparente de piel y de mirada,
transmites la abundancia deseada
que rebosa tu ser nada más verte.

Tan cerca estás del niño y de su suerte
que, como a él, a ti te importa nada
esa ambición a la que vive atada
la multitud que pasa sin quererte.

De regreso de un mundo dolorido,
cuéntame aquella historia nuevamente,
y déjame que apoye en ti mi frente,

querido abuelo, en esta noche oscura,
pues me siento tan solo y tan perdido
como un rapaz en busca de ternura.

Pedro Miguel Lamet
Escritor y periodista
www.telefonodelaesperanza.org