La Cumbre del Mediterráneo ha supuesto un fracaso en el contexto político internacional. Su segunda edición, que estaba prevista para principios de junio en Barcelona, ya fue pospuesta hasta noviembre debido al creciente conflicto entre israelíes y palestinos. Con el agravamiento del problema en Oriente Próximo, las autoridades españolas han decidido su aplazamiento indefinido hasta que mejore la situación en territorio palestino-israelí.
El Mediterráneo es un espacio de encuentro donde convive una diversidad de culturas. Este vínculo geográfico y económico ha sido clave en el desarrollo de los primeros estados europeos, como ocurrió en la Italia del Renacimiento y como sucede en la actualidad. En Julio de 2008, recién inaugurada su ronda de Presidencia por turnos de la UE, Nicolas Sarkozy puso en marcha en París la Unión para el Mediterráneo, con el objetivo de reforzar la relación con los vecinos del sureste de Europa. La idea de Sarkozy era dar continuidad al Proceso de Barcelona, propuesto por España en 1995 ante la Unión Europea, para establecer políticas comunes entre los países mediterráneos. En estos primeros pasos contó con los apoyos de líderes como Romano Prodi, Angela Merkel o Rodríguez Zapatero. Su gran aval, no obstante, vino del presidente Egipcio, Hosni Mubarak, que preside el nuevo órgano internacional. Cuenta con un total de 43 miembros, entre los que se encuentran todos los estados miembros de la Unión Europea, los países árabes de la ribera mediterránea, la Autoridad Palestina e Israel.
La Cumbre Mediterránea estableció una serie de objetivos comunes bajo un clima conciliador, que pudiesen aunar naciones tan enfrentadas como Siria e Israel, e incluso mediar en el conflicto entre la Autoridad Palestina y el propio Israel. Entre los proyectos cabe destacar el Plan Solar Mediterráneo, las “autopistas del mar” y una autopista del Magreb, descontaminación del Mediterráneo para el año 2020, Universidad del Mediterráneo, créditos para Pymes y un programa común de Protección Civil. Ya existían, por tanto, unos estados miembros y unos objetivos comunes; sólo faltaba el lugar y fecha idóneos para su celebración: Barcelona 2010. Así se continuaba el legado de 1995 y se aprovechaba la presidencia española de la Unión Europea.
La realidad a día de hoy, por contraposición, ha pesado más que la buena voluntad inicial. Son pocos los objetivos alcanzados por la recién creada Unión para el Mediterráneo. La cumbre ha sido pospuesta de manera indefinida ya que “el actual bloqueo del proceso de paz en Oriente Próximo haría imposible una participación satisfactoria”, según aclararon, España, Francia y Egipto. En palabras del alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, el aplazamiento de la Cumbre supone una “mala noticia para la ciudad y, sobretodo, para el Mediterráneo”.
La tristeza ante estos acontecimientos está justificada. La política en Israel la ostentan una serie de dirigentes sionistas radicales, pertenecientes al partido Likud, entre los que destaca el actual Primer Ministro, Netanyahu. Parecen haber olvidado por completo los Acuerdos de Oslo firmados en 1993 por el entonces Primer Ministro israelí Isaac Rabin y su homólogo palestino, Yasser Arafat. El dirigente hebreo concedió un gobierno autónomo a los palestinos, con autoridad inicialmente sobre la Franja de Gaza y Jericó, que paulatinamente se iría extendiendo a otros territorios de Cisjordania. El actual gobierno ultraconservador israelí no sólo ha obviado estos términos sino que continúa emplazando nuevos asentamientos en zona palestina. A todo ello se suma la presencia de Hamás, un grupo islamista radical, que desde 2006 controla la Autoridad Nacional Palestina en la franja de Gaza, cometiendo crímenes contra ambas poblaciones, según informaba Amnistía Internacional en 2007.
El pueblo palestino merece todo el respeto que le podamos brindar las naciones democráticas de este nuevo siglo. Un respeto que proviene de tiempos tan remotos como el mismísimo mar Mediterráneo y que a veces es olvidado por la clase política, tanto hebrea como palestina. Pongamos todos de nuestra parte y estrechemos las manos como si de cruzar un enorme mar se tratase. Será la única manera de fomentar una solución justa a este problema.
Adrián Levy Pernudo
Periodista
ccs@solidarios.org.es


