El Maestro chan le dijo al discípulo:
- Vamos a dar un paseo por el monte. No es bueno estar siempre meditando, estudiando a los sabios o distanciado de la gente.
Caminaron en silencio desde el amanecer y, de repente, el discípulo le dijo:
- Venerable Maestro, ¿qué es el Tao?
- Continua caminando, – respondió el Maestro.
- Pero te he preguntado ¿qué es el Tao? Y tú no me contestas, – insistió el joven que creía que siempre había una respuesta para cada pregunta.
- ¿Acaso podríamos dar un solo paso sin el Tao? En el Tao vivimos, nos movemos y somos, – dijo el Maestro mirándolo con ternura, y con paciencia.
Ese es el problema de tener la cabeza llena de cosas en lugar de tenerla bien estructurada. Es la energía que nos anima – o como queráis denominarla -, la que da el ser y sostiene a cuanto existe. Como decían los de “Siniestro total”: “Ante todo, mucha calma”.
J. C. Gª Fajardo
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