Lin Chi, un maestro Zen, estaba muriendo rodeado por sus discípulos que esperaban escuchar su último sermón. Pero Lin Chí estaba feliz, sonriente y en silencio. Otro maestro amigo que había acudido a acompañarle en el tránsito le recordó la costumbre de decir sus últimas palabras.
Lin Chí dijo:
- Escucha. –En el tejado dos ardillas corrían jugando y dijo-: ¡Qué bonito!
Durante un instante, cuando dijo “Escucha”, se hizo un gran silencio esperando que fuera a decir algo importante, sólo se oyó a las dos ardillas corriendo y alborotando en el tejado… Sonrió y murió.
Había comunicado su último mensaje: Todo es importante. No hay nada que sea grande ni nada que sea pequeño, importante o trivial, depende de ti, en lo que tú te conviertas.
J. C. G. Fajardo


