13.05.2011Serie Gestión de la sanidad 3. Prevenir la enfermedad

Miradas. Recuerdo a los pacientes por su forma de mirar, porque dicen más con sus ojos que con sus labios: miedo, anhelo, angustia, dolor, alivio, esperanza, gratitud… Con su mirada se muestran desnudos o disfrazados, se entregan o se resisten, se rinden o se defienden, confían… o desconfían.
Es humano sentirse inclinado hacia los pacientes que nos resultan más agradables al trato, como lo es sentir reacciones de rechazo, ira o desagrado ante los que emiten energía negativa desde que abren la puerta de la consulta. Pero dejarse llevar por los sentimientos nos lleva a discriminar entre buenos y malos pacientes, y no nos pagan para eso. Los sistemas sanitarios están para todos ellos, para aportarles algo positivo que los beneficie a pesar de su opinión. Todas las políticas y prestaciones deben encaminarse a este único fin: incrementar activos de cada paciente.
Si conseguimos distanciarnos un poco de nuestra propia reacción afectiva, es posible que comencemos a comprender por qué un determinado individuo entra a la defensiva. El lenguaje no verbal, las repeticiones, las alusiones, las amenazas, las dudas, pueden llegar a mostrar el auténtico motivo por el que se acude. Sólo hay que saberlo despojar de la costra con que se disfraza.
Cuando este modo de ver al paciente se traslada a la gestión, obtenemos políticas y sistemas sanitarios centrados en el paciente. Si en lugar de intentar solucionar las enfermedades, se intentan localizar los factores subyacentes que las provocan, menos visibles, pero mucho más importantes, la efectividad de las medidas es mucho mayor, puesto que abarcan tanto a la población que consulta por el problema, como a la que no.
Ya sea a nivel gestor, como en la actuación diaria de los profesionales, el modelo de atención centrado en el paciente tiene unas características fundamentales, recogidas en la declaración de la Alianza Internacional de Organizaciones de Pacientes sobre Cuidados Centrados en el Paciente (International Alliance of Patients’ Organizations, IAPO en su acrónimo inglés) de 2006. La Organización Mundial de la Salud comparte esta visión de la sanidad, y la ha incluido entre los requisitos imprescindibles de un buen sistema de salud.
El primero, el principal, el más importante, el más lógico, es el respeto. A sus necesidades, a sus preferencias, a sus creencias, a su independencia y su autonomía. Cuando un paciente manifiesta rechazo a nuestra atención, puede venir insatisfecho del funcionamiento de todos los eslabones que nos preceden, sentir que las expectativas que se le han creado no se están cumpliendo, o que no han entendido su auténtico problema y está siendo peloteado de puerta en puerta. Puede tener miedo a que entiendan su postura respecto a las opciones de tratamiento, o a que se descubra la auténtica causa de su patología. Saber por qué un paciente actúa de una determinada manera es fundamental para ofrecerle la mejor ayuda que esté a nuestro alcance.
En segundo lugar, debe tener la posibilidad de elegir y participar, si lo desean, como agentes activos en las decisiones relacionadas con la salud que afectan sus vidas.  Se debe potenciar la capacidad del paciente para ejercer su derecho a tomar decisiones informadas, y dotar al individuo de la capacidad de dirigir su proceso asistencial. Ello está indisolublemente unido a una tercera característica: la información que se suministra al paciente ha de ser precisa, relevante y comprensible. Sólo si el paciente entiende qué le pasa, qué opciones se le plantean, y en qué medida cada alternativa de las que dispone puede interferir con sus creencias, preferencias, miedos o tabúes, podrá elegir SU mejor opción, la que él desea.
Una cuarta característica es la accesibilidad. La sanidad para todos no puede ser sino universal y gratuita, en todo lo referente a prevención, promoción, asistencia y rehabilitación de las enfermedades. Todos somos pacientes a lo largo de nuestra vida.
Por último, aunque no menos importante, la sanidad centrada en el paciente debe permitir la participación directa del paciente en la gestión y la elaboración de políticas, a todos los niveles asistenciales, desde atención primaria hasta las grandes políticas nacionales, y no exclusivamente a nivel consultivo.  El ámbito de la salud debe incluir las políticas de cobertura social, que afectará definitivamente la vida de todos los pacientes.
El abandono de visiones centradas en construcciones teóricas humanas, las enfermedades, y la adopción de la salud de cada individuo como único horizonte, dotará de una nueva lógica a los sistemas sanitarios. Atrevámonos a inventar una nueva salud para un nuevo mundo, más humano.

Teodoro Martínez Arán
Médico, especialista en pediatría