22.07.2011Sergei no guarda piedras

 

A Sergei, como a todo ser humano, a veces le daban ramalazos de pánico. Así, un día en que caminaba con el Maestro por el bosque, éste lo envió a buscar agua a un barranco. Sergei bebió como un oso y luego subía silbando tranquilamente cuando surgió un tigre feroz. Sergei se volvió loco, no se le ocurrió más que ponerse a correr en círculo hasta que agarró al tigre por la cola.

El tigre estaba furioso con aquel peso proveniente de la estepa rusa, y recastado entre mongoles. Prefirió perder la cola antes que sentir encima el peso de Sergei.

- Maestro, ¿cómo matan al tigre los más valientes? – preguntó con algo de jactancia.

- Los héroes, – respondió el Venerable -, lo hacen partiéndoles la cabeza, los menos valientes lanzan el venablo a distancia y los cobardes se apoderan de su cola.

- ¡Pero, Maestro!, -replicó confuso Sergei-, ¡si lo he puesto en fuga!

- Mira, Sergei, escucha esta historia que le sucedió a Confucio. Él también tenía un discípulo algo torpe, no como tú que sólo eres algo distraidillo. Pues bien, un día, le ocurrió lo que a ti y le molestaron tanto las palabras que te acabo de repetir que escondió una piedra en el bolsillo.

- ¿Qué pretendía hacer con ella?

- Te lo puedes imaginar. El caso es que aquel badulaque le volvió a preguntar a Confucio: “¡Maestro! ¿Cómo matan los más valerosos?”

Confucio le respondió: “Los más valerosos matan con el pincel, los menos valientes lo hacen con la lengua…”

- ¿Y los cobardes? – preguntó Sergei.

- Eso es lo que preguntó el otro a Confucio y éste le respondió: “Esos matan con la piedra en el bolsillo”.

- Maestro, sollozó Sergei, ¿no creerás que albergo en mi corazón semejantes sentimientos? ¿Verdad?

- Ni por un momento, mi querido Sergei, pero al del cuento no le fue mal. Se postró ante Confucio, completamente conmovido, y desde aquel día se convirtió en el discípulo más fiel y más brillante del autor de las Analectas.

- ¡Uff!

J. C. Gª Fajardo
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