24.02.2012Educación sexual y reproductiva

No es la infección por VIH la única enfermedad que está repuntando. Vuelven la sífilis, la gonorrea, el linfogranuloma venéreo y el herpes genital. Todas ellas comparten la vía predominante de transmisión: las relaciones sexuales. Explicarlo no es tan sencillo como inventarnos un extraño brote de promiscuidad mundial. El hecho de que, mientras suben las enfermedades venéreas, haya disminuido de manera constante el número de abortos inducidos en el mundo debe hacernos reflexionar. En Latinoamérica, se ha pasado de 45 a 31 abortos inducidos por cada mil embarazos desde 1990 a 2008, y en Europa de 12 a 2 por cada mil.

La mejora en el acceso a la medicación antirretroviral en todo el mundo ha permitido que la mortalidad por SIDA haya disminuido de manera constante desde el inicio del siglo XXI, mejorando la supervivencia. El tratamiento de las mujeres infectadas por VIH durante el embarazo y el parto ha alcanzado el 64% en Latinoamérica, beneficiándose a su vez los niños que se libran de nacer con el virus.

No todo son buenas noticias.  Desde hace cinco años, la incidencia de infección por VIH está estabilizada en 2,7 millones de nuevos enfermos por año en todo el mundo. Ni el tratamiento, ni las campañas de prevención, ni la detección precoz, han impedido que continúe diseminándose con la misma intensidad, e incluso se está viendo un aumento en determinados grupos de población, como los inmigrantes, los transexuales, o los pobres.

Desde hace unos años, existe en Salud Pública la tendencia a unificar en campañas de Salud Reproductiva y Sexual un conjunto de aspectos parcialmente relacionados, como la planificación de la natalidad o la prevención de enfermedades de transmisión sexual. Esto ha permitido optimizar recursos, puesto que es evidente que enseñar a usar un preservativo puede ayudar a reducir tanto la gonococia como un embarazo no deseado. Pero algo ha fallado. La población ha identificado que la prevención de las gestaciones no deseadas y de las enfermedades sexuales se puede hacer por los mismos medios. Y no siempre es así.

La gestación se produce cuando un espermatozoide contacta con un óvulo, se forma un embrión, que migra por las trompas hasta una cavidad uterina preparada para acogerlo, y se implanta. Cualquier elemento que rompa un eslabón de esta cadena dificultará o impedirá la gestación. En la primera fase está el preservativo, que impide que el semen entre en contacto con la mujer. Sin embargo, existen muchos otros medios anticonceptivos (como la ligadura de trompas, la vasectomía, el diafragma vaginal, los anticonceptivos o el dispositivo intrauterino) que interrumpen otras etapas del proceso, sin evitar que los fluidos sexuales de hombre y mujer se pongan en contacto.

Por otro lado, las enfermedades de transmisión sexual pueden producirse ya por la infección directa de las secreciones sexuales contaminadas, como en el caso del VIH o de la gonococia, ya por contacto de las mucosas sexuales de hombre o mujer con lesiones producidas por los gérmenes, como es el caso de la sífilis, el herpes genital o el virus del papiloma humano. Por tanto, sólo aquellos medios que impiden o dificultan dicho contacto, como la abstinencia mientras existan lesiones activas, o los medios que impidan o dificulten el contacto, como el preservativo masculino o femenino, impedirán la nueva infección.

Son especialmente preocupantes algunas creencias erróneas, extendidas en zonas aisladas, de que las enfermedades de transmisión sexual como la sífilis o la gonorrea pueden ser curadas manteniendo relaciones sexuales con una niña virgen. Esta creencia es rotundamente falsa, y, además de suponer un abuso para el menor que no puede defenderse del adulto que la violenta, lo expone a una infección que suele tener una especial virulencia en la edad infantil, y que, en el caso de la gonococia, puede llegar a producirle una gravísima infección o incluso la muerte.

Es necesario que replanteemos la educación sexual y reproductiva que se incluyen en las campañas de salud pública, y que tengamos en cuenta los riesgos de hacer una suerte de educación ‘para todo’, que desinforme y confunda más de lo que pretende formar y aclarar. En un mundo superpoblado y azotado por la pandemia del SIDA debemos ser capaces de responder en cada uno de los frentes con la estrategia correcta, para asegurar el éxito final que todos deseamos.

 

Teodoro Martínez Arán
Médico