17.03.2017Reactivar la creatividad

Aburridos, estresados y cansados. Así es como describen la mayoría de los alumnos de instituto cómo se sienten en clase, según una encuesta realizada por el Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale a más de 20.000 estudiantes.

El sistema educativo actual, adoptado por la mayoría de países e instituciones, constituye un sistema rígido, inamovible, sin espacio al cambio, sin espacio a la creatividad. El aprendizaje se basa en la memorización y no en la reflexión. Los centros educativos como colegios e institutos no consiguen motivar a los alumnos, que a su vez no comprenden porque están aprendiendo esto, ni para que les servirá aquello, solo saben que han de memorizarlo y escribirlo lo más rápido posible en una hoja de examen. Los profesores, encajados en estos moldes, siguen el programa con miedo a innovar y fracasar. No se atreven a crear, a salir de la rutina, a generar dinamismo.

Como consecuencia de esta falta de flexibilidad, surgen numerosos problemas que perjudican el proceso de aprendizaje de los alumnos, tales como el aburrimiento, cansancio, desmotivación y desinterés. No tienen vocación, solo siguen órdenes.

Programas como School Retool proponen alternativas al sistema que demuestran que la creatividad se puede convertir en productividad. Propone una revolución, un giro de 180 grados respecto a lo que conocemos. “Hemos virado de un modo de trabajo basado en la soledad del laboratorio a otro en el que lo más importante es el aspecto humano, el contacto con personas y el estudio de sus necesidades”, así define la iniciativa su creador, George Kembel, de la Universidad de Stanford. Este modelo se basa en la adaptación al mundo actual, en entrenar las mentes para “saber reaccionar frente a la incertidumbre”.

Revolucionar la forma de aprender y enseñar en las escuelas es el objetivo fundamental de School Retool. “La clave es teorizar menos y actuar más. Basar el aprendizaje en experiencias reales y no en lecciones magistrales “, explica el creador.

Algunos de los cambios que propone el proyecto son que los alumnos trabajen sobre la realidad, con lo que pasa en la actualidad, apostar por proyectos interdisciplinares en vez de pruebas memorísticas, y realizar prácticas en el mundo profesional de manera regular. Los alumnos aprenden a aplicar los conocimientos a la realidad, a darles un uso, reactivando la motivación ya que ven que su trabajo es útil.

Lo que comenzó como un proyecto de 30 personas con la idea de cambiar la educación ya ha conseguido la financiación de 200 millones de dólares por el Gobierno Estadounidense. “La innovación siempre requiere correr un riesgo. Algunas veces se falla, pero lo importante es atreverse”, explica Kembel. Cambiar la rutina por dinamismo y motivar tanto a profesores como a alumnos podría devolver la creatividad a las aulas, devolver la vocación a los alumnos.

 

María Mestre Hurtado

Periodista

Twitter: @mariamestrehur1