21.04.2017Encuentros Complutense analiza la seguridad alimentaria

La Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla ha acogido, el día 5 de abril, el Encuentro Complutense “Cooperación y ayuda al desarrollo”, en el que se han presentado diferentes casos de lo que se puede definir como “inseguridad alimentaria”. La profesora María Dolores Marrodán, de la Facultad de Biológicas, recordó que el concepto seguridad alimentaria puede tener varias acepciones. Quizás la más extendida es la de inocuidad de los alimentos, los procesos que se utilizan para conseguir que los alimentos sean seguros para nuestra salud. En este Encuentro, el concepto de seguridad alimentaria se ha referido más a la cantidad y calidad de los alimentos que son necesarios para satisfacer las necesidades dietéticas que permitan llevar una vida saludable.

Jesús Román Martínez, profesor de la Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología explicó que este Encuentro forma parte de una “serie de actividades que se llevan a cabo para facilitar la dinamización y abrir el apetito a gente que tiene interés en la cooperación y no sabe cómo enfocarla”. Además tiene un aspecto práctico, de cómo contribuir a ese desarrollo, como demuestra que el grupo con el que colabora Román Martínez el año pasado ya realizó un proyecto en Chad y a partir de mayo o junio, llevará a cabo otro en Etiopía.

La doctora Marrodán, considera que es importante tener en cuenta cuatro factores: la disponibilidad de los alimentos necesarios, el acceso a ellos, la estabilidad en ese acceso a lo largo del tiempo, y la utilización biológica que se hace de ellos, que se procesen y consuman ejecutando buenas prácticas.

La mayoría de esos métodos se consiguen con datos antropométricos sencillos, como el peso y la talla o la pulsera MUAC, que mide el perímetro medio del brazo. Marrodán recomendó que se usen estas medidas de manera racional y sin hacer generalizaciones, porque los datos de las medidas difieren de manera bastante importante de unos países a otros. Por eso, animó a los estudiantes a que sigan trabajando en la búsqueda de mejores diagnósticos.

Una de las estudiantes que pasó por sus aulas, Susana Moreno, es hoy consultora especialista en nutrición y seguridad alimentaria, y contó su experiencia en algunos países como Sudán del Sur y Líbano. Mientras en el primero existe un contexto de emergencia por la guerra perpetua en la que viven, en el segundo no debería ser así, ya que es un país con un buen crecimiento económico y con un acceso generalizado a todos los servicios. Hasta que comenzó la guerra de Siria y cruzaron las fronteras con el Líbano, cientos de miles de personas, llegando a los más de un millón de refugiados registrados en la actualidad. Moreno Romero calcula que esa cifra es muy superior, ya que registrarse con ACNUR es algo voluntario y no todos lo hacen, así que puede que la población de refugiados llegue al millón y medio de personas. Una cifra enorme, teniendo en cuenta que el país cuenta con poco más de 4,2 millones de habitantes autóctonos. Con la diferencia de la densidad de población (mucho mayor en Líbano), es como si en España llegasen de golpe 12 millones de refugiados.

El Banco Mundial de Alimentos calcula la seguridad alimentaria de acuerdo a tres criterios, que son la diversidad de la dieta, la frecuencia del consumo y el valor nutricional. Combinando esos criterios con los de la OMS, se calcula que sólo un 3% de los niños de entre 6 y 23 meses cumple con los mínimos nutricionales. Y además que el 90% de los hogares de refugiados ya están endeudados con una media de 857 dólares y que el 53% de esos hogares ya viven en la pobreza extrema.

Otros casos de seguridad alimentaria expuestos fueron la creación de un Observatorio de nutrición y seguridad alimentaria para el mundo en desarrollo de la Universidad de Valencia, por parte del profesor J. M. Soriano; la inseguridad alimentaria estacional en el Sahel, relatada por Acción contra el Hambre; experiencias en Guinea y Sáhara, de la mano de la complutense Ana López Parra, y los trabajos en Etiopía de Patricia Cobo Ginés.

Soriano relató su experiencia, desde el laboratorio, donde sentía que le faltaba algo, “que la vida carecía de sentido, porque no había visto nada de fuera”, hasta convertirse en director de la cátedra UNESCO de la Universidad de Valencia.

Un camino similar al que ha llevado a otros muchos científicos a dedicarse a la cooperación y a crear entornos favorables y sostenibles para el desarrollo, porque como comentó Cristina Lorenzo “dar conocimiento y enseñar cómo se puede usar es el mayor de los regalos”.

 

Jaime Fernández

Periodista, Tribuna Complutense

Twitter: @TribunaComplu